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PARTE DE LA CIUDAD DE SALITRE |
Según un estudio realizado por los
arqueólogos Emilio Estrada y Viteri Gamboa,
allí se encuentran alrededor de 180 tolas debido al asentamiento de culturas
como: Valdivia, Chorrera, Huancavilca, Milagro Quevedo, Los Babis, Daulis,
Tejar, Candilejos,
y Guangala.
Cultivos con problemas por aparición de hongos
Los pies ensanchados –de tanto andar descalzo– de William Silva se hundían en la tierra lodosa mientras rociaba fungicida a las dos mil plantas de sandía que crecen en una parcela del sector La Victoria para detener el avance de una plaga negruzca que las ataca. Él la llama “chamusca loca”.
La mañana del pasado martes, oscura y fresca, realizaba la primera de dos fumigaciones semanales que debe hacer para salvar su producción.
“La muerte lenta”, como los campesinos del área conocen a un daño que seca las matas, le cayó a otras plantas de Silva y pasmaron decenas de sandías cuando apenas tenían ocho centímetros de largo.
El frío que se siente en este verano también afectó sus plantaciones, pues las ramas no se desarrollaron y quizá en la primera semana de agosto, cuando coseche, solo cogerá una fruta por planta. Cuando hay buen tiempo, indica, puede recoger hasta tres.
Milton Ruiz no se arriesga a sembrar en esa tierra que hace una década estaba libre de plagas. Llevó sus manos expertas en ese cultivo y los 800 dólares que le prestaron con el 20% de interés a un sector cercano, La Fortuna, ese nombre le da buen augurio para la cosecha de sus 5 mil matas. El martes pasado las fumigaba para protegerlas de las plagas que, según dice, cunden en La Victoria.
En Daule, Ángel Dumas también combate las plagas. Hace un mes detectó manchas blancas en los arrozales que crecen sobre 20 hectáreas.
Las pudo frenar con un fungicida y ahora debe efectuar estas aplicaciones una vez a la semana, antes lo hacía cada quince días.
A los arrozales de Hugo Morales, agricultor de Salitre, les cayó un hongo similar a grumos de ceniza.
Para muchos es una plaga, pero para los auténticos campesinos no lo es, LA LECHUGA como nosotros la llamamos sirve para muchas cosas, para conservar el agua fresca en las ALBARRADAS de los terrenos donde en temporada de VERANO no hay agua para múltiples usos. La falta de un adecuado tratamiento y orientación este respecto hace que los campesinos eliminen dicha planta acuatica, por eso se está perdiendo muchisimas especies tales como peces, camarones, y variedad de aves que anidaban en los pantanos, es como si estemos observando un gran desierto sin ningún árbol, no hay sombra, ni rincón alguno donde guarecerse. Es como la MARAVILLA, especie acuatica que va desapareciendo de las posas por que se saca de las entrañas de la tierra con el arado de los kanguros o tractores. Aquí, en el campo de SALITRE no tenemos los toxicos que habla la experta mejicana, sólo los herbicidas, no siendo por lo tanto una amenaza si no que al contrario el hombre amenaza con desaparecer muchas especies animales, vegetales, acuaticas, etc., como en realidad sucede.
Publicado el 10/Diciembre/1997 | 00:00
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SALITRE EN EL MAPA DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR |
EL TELÉGRAFO: 13 de abril del 2008
El río enfurecido se desborda; escamotea ciertos tramos de la carretera
Cuando se lanza la mirada como un sedal y no se recoge más que agua por todas partes, es imposible no comparar esta visión con imágenes de otras geografías, e incluso de las letras.
Sucede así en Samborondón, pero también en Salitre, Buena Suerte, Candilejo de Abajo y muchos recintos de la cuenca del Daule. José de la Cuadra, una de las cifras primerísimas del cuento nacional y cronista de principios del siglo pasado, se refirió a los del litoral como ríos que “suspiran o urmuran...Únicamente cuando sopla el viento del oeste, se alzan en olas; pero son los suyos tumbos anchos, regulares, isócronos, leales para con la canoílla frágil o la balsa ligera que surca sus ondas”.
Cosas de cuando la temporada de lluvias era predecible y moderada; de cuando Guayaquil era la capital montubia del Ecuador, así como hoy lo es Salitre.
Ahora, el río enfurecido se desborda; escamotea ciertos tramos de la carretera y los sumerge hasta hacer peligroso el tránsito de las camionetas cargadas de campesinos que se dirigen a los arrozales.
Don Sixto avanza, mitad gondolero criollo y mitad Caronte con su cargamento de ánimas, entre la corriente.
Algunos optan por dejarlas en la faja alta de la carretera, como aquel ingenioso que cambió la marca de la suya de Toyota a Toyita. Y los oficios se alteran; se acoplan a las circunstancias nuevas. Aunque todo el tiempo que Sixto Jiménez dedicó a la labranza le dan autoridad para hablar de siembras y cosechas; ahora hiere con su remo la superficie de las aguas y avanza, mitad gondolero criollo y mitad Caronte con su cargamento de ánimas, hacia su próximo destino. Ayuda al compadre, Carlos Bazurto, en el dominio de la canoa Tres hermanos en sus ires y venires por esa cruel mascarada que es el agua abundante. La Tres hermanos, que llena puede albergar hasta 35 personas, consume 6 galones de gasolina mezclada con aceite en cada viaje de 3 horas. Y las ánimas en cuestión son un tropel de parroquianos con ocupaciones múltiples y que aplican diligencia a sus asuntos.
Así, después del trasbordo y dejar el precario equilibrio de la canoa familiar –la Luisa Narcisa, que regresa a su recinto conducida por los hijos mayores-, Rolando Alvarado y su esposa abandonan la parroquia Vernaza con la intención de visitar a la parte salitreña de su familia. Judit Villamar en cambio embarca más adelante, donde se divorcian el Daule y el Vinces, y lleva un televisor averiado en un costalillo para ver si tiene compostura; la ayuda su hijo que, al final, decide acompañarla.
Mientras tanto, Lucía Carpio, rostro adolorido, ansía llegar a Guayaquil para procurarse atención médica. Ellos hacen, con otros pasajeros que también han cancelado su pasaje de 50 centavos, una comunidad flotante que avanza en esta arca de nuestros días entre saquillos, jaulas y racimas de plátano.
Pero también están los que aguardan pacientemente en la orilla de La Bocana. Ahí está Aparicio García, gallero amable hasta la exasperación, que ha salido muy temprano de Palo de Iguana en carro y de ahí ha llegado en canoa hasta Salitre para hacer reparar la escopeta con que suele cazar cuturreros, patillos y marías. Se halla muy contento por haber encontrado en los nidos de la orilla unos 60 huevos de gallareta, y con la noticia: “parece que ahora sí van a dragar el río, para rellenar Salitre”. Es media mañana y mastica con emoción una tortilla de verde rebosante de pescado, y la acompaña con un fresco de limón. No lejos de ahí un vendedor, que había afilado previamente su cuchillo, limpia un bagre y arroja la ventrecha al agua.
Al tiempo, un grupo de voluntarios enfilan sacos de vituallas para los damnificados. “Parece mentira que habiendo tanta agua por acá, no haya potable para tomar y tengamos que buscar las tomas”, se ensombrece don Aparicio, que señala a la gente que espera a llenar sus tanques y bidones.
La sabana luce anegada, bajo nubes que se regodean en formas arbitrarias. En cambio, las lomas salpican el paisaje de islas donde se agolpan los borricos y las gallinas.
Ciertos puntos esporádicos parecen trincheras debido a los sacos de arena con que los habitantes fabrican muros de contención, para así proteger sus cultivos y sus animales.
El légamo, desde Falda del Cerro hasta casi llegar a La Victoria, es una capa de nata verde que estalla, burbujea y se va apoderando de todo como una mancha vegetal. No se resignan los que, machete y garabato en las callosas manos, todavía van a rozar monte y a echar urea en los arrozales, como en La Primavera.
El ganado ha sido llevado a las lomas y a las zonas más elevadas; no solo por su protección, sino también para evitar que las vacas pisen y estropeen los sembríos.
Las aguas no impiden, con todo, que sean visibles los árboles cintura para arriba y la parte más alta de las estacadas.
Donde los caballos tenían postura, ahora encuentran forraje de nenúfares y lechuguines
Miríadas de púas, como mariposas de acero posadas sobre el alambre, impiden el paso a los intrusos y los caballos caminan en sus corrales, sumergidos hasta el pecho.
Donde tenían pastura, ahora encuentran forraje de nenúfares y las flores moradas de los jacintos de agua (lechuguines). Y mueven sus patas, casi arrastrándolas, en ese nuevo mar de sargazos.
“El agua está hondísima; desde principios de febrero las lluvias no paran; hay que hacer algo”, dictamina Fátima Pazmiño, con la mirada hacia el horizonte.
“Y eso que las clases empiezan el 28 de abril; los maestros y los niños de Durán Chiquito necesitan moverse”, complementa Guillermo Jurado.
Ambos esperan que el tiempo mejore, pero la llovizna arrecia y sienten miles de agujas heladas en el rostro.
La extensa llanura líquida es acribillada por una descarga de reflejos que va gastando con paciencia la vista de los canoeros: es cuando un cardumen de pez dama sale del agua, por turnos, y da brincos de hasta medio metro con que distraen a los pasajeros. De repente la canoa tose y, tras un momento de duda, vuelve a ronronear: “ábrala, compita”, grita don Carlos; mientras su compadre toma firmemente la palanca, hecha de palo de níspero.
Hay muchos esteros que se han formado donde antes había caminos de tierra seca, así que redobla su esfuerzo en la labor de hacerse camino y apartar la canoa de la orilla. La luz se refracta y quiebra el remo cuando entra al agua para impulsar la embarcación: prodigios de la óptica.Los tiempos son de quien pone la cara frente a la adversidad y siempre hay momentos para la acción práctica.
Don Sixto no solamente es agricultor (desocupado por la fuerza del temporal) y canoero: también preside la Cooperativa pro-mejoras de Candilejo de Abajo. “Hemos hecho llegar hasta ahora dos oficios a las autoridades del cantón, con el detalle de las necesidades”, dice con firmeza. “Vemos cómo la ayuda va para un lado y para otro; esperamos que nos toque uno de estos días”.
Donde hubo chacras dispuestas como los retazos de una colcha de bregué, ahora zigzaguean los atracaderos y muelles improvisados, entre las columnas de patos que graznan y chapotean. Las casas, elevadas en sus estacas de madera de guabo, son palafitos arqueados sobre las aguas de color cerveza.
“La lechuga abunda ahora”, constata don Sixto, que se aferra al remo como si así evitara que el mundo entero fuese hacia su demolición.
En efecto, los retoños de lechuguín son renglones paralelos sobre los que nadie se decide a escribir y uno, dos, tres arco-iris irrumpen al mismo tiempo que hacen de la clonación una soberbia fantasmagoría.Mientras en las cercanías un cerdo gruñe en lo que parece alguna lengua muerta; la canoa vadea, haciendo eses, la nueva playa muy cerca de donde funciona a medias el camal municipal.
Una patrulla de gallinazos encaramados en el techo, semejantes a míticos guerreros de armaduras prietas, saluda su paso con indiferencia.
Los cormoranes planean e incluso pueden pescar en las calles de los caseríos anegados; uno que otro deja estelas cuando cae en picada por alguna presa.
Mientras el trabajo escasea y los chulqueros hacen de las suyas (cobrando hasta 20% de interés mensual), a otros no les falta como sucede con don Carlos desde que un océano dulce descendió de los cielos en forma de lluvia. Incluso ha comprado un teléfono móvil.
“Los fletes salen más fácil así; en la tarde tengo que llevar a unos pastores evangélicos y un equipo de música y como cinco parlantes para la fiesta de una piladora”, señala.
En forma de cuña de guachapelí, un escuadrón de garzas morenas sobrevuela la flota de canoas.
Los tiempos muestran otra cara: Roque es ahora una aldea lacustre, como lacustre es la mirada nostálgica de los pasajeros de las canoas.
Don Sixto, al igual que dicen las escrituras que pasó con Noé, mira esperanzado una blanquísima garza que taladra, con su vuelo, un túnel de aire en el denso vaho que yace sobre las aguas.
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Representantes del Gobierno de Israel entregaron víveres a los damnificados por las fuertes lluvias en la región Costa. En el cantón Salitre en la provincia de Guayas llegó la delegación encabezada por el cónsul del país de Oriente Medio Johnny Czarnisky y el embajador Eyal Sela.
Junto con Camilo Samán Gobernador de Guayas, realizaron la entrega de víveres, agua, colchones…. “Esta es una ayuda humanitaria de un país hermano a otro pueblo hermano. Aquí trajimos además de ayuda física, también trajimos un grupo de 12 médicos diferentes” explicó Sela.
Más de 120 familias fueron las beneficiadas, quienes recibieron atención médica gratuita y medicinas. “Esta ha sido una de las características del Gobierno de Israel, siempre que ha tenido un problema, nos hemos trasladado a ayudar directamente a las personas necesitadas” afirmó por su parte el cónsul Czarnisky.
Fuente: Confirmado.net / TC Television
EL GOBIERNO DEBE PONER A TRABAJAR LAS FUERZAS ARMADAS QUE AHORA NO ESTAN EN GUERRA, Y DEDICAR ESOS PRESUPUESTOS LA EMERGENCIA NACIONAL ASI COMO LOS PRESUPUESTOS DE LOS MINISTERIOS DE BIENESTAR SOCIAL, DE OBRAS PUBLICAS Y COMUNICACIONES, DE VIVIENDA Y DE SALUD, ETC., PONER AL PAIS EN MARCHA.
El problema de las inundaciones lo venimos sufriendo toda la vida, eso lo saben y lo conocen demasiado bien los funcionarios y autoridades, basta con saber que el sitio donde hoy se levanta la capital MONTUBIA, era un lugar bañado totalmente por las aguas, y que poco a poco fue rellenado en el devenir del tiempo por los sedimentos que se iban acumulando cada invierno, asi como se iba secando el lecho de los ríos que atraviesan nuestro territorio cantonal , como lo escribe CARLOS ALBERTO FLORES en su obra PANORAMAS Y OTROS TOPICOS: "El lugar donde hoy se levanta el pueblo de Salitre era hasta hace unos 60 años(esto lo decía en 1934), una TEMBLADERA INHABITABLE EN INVIERNO Y AUN EN VERANO", y lo que hay que hacer ahora son obras de infraestructura, de gran envergadura, rodear y cruzar el territorio cantonal con grandes muros que al mismo tiempo servirán de carreteras , pero en todo el territorio, al mismo tiempo que se dragan los ríos, además de los convenios que se hagan con los municipios vecinos para aprovechar el agua en centrales hidroeléctricas, represas, etc.
Lo raro es que lo saben bien y no toman medidas antes de que llegue el invierno, incluso son temas de campañas. Y después se olvidan.
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